viernes, 25 de noviembre de 2016

Pero tú sabes lo que era decirme aquello a mí...

Centinela / Carlos Guzmán  / CUBA
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Pero tú sabes lo que era decirme aquello a mí…



_ Pero tú sabes lo que era decirme  aquello  a mí… Me quedé estupefacto, porque… a ver, ese tipo no me conocía de nada… ¿Con qué fundamento decía que yo era un racista?

_Y tú… ¿le conocías a él?

­_No, tampoco, era la primera vez que hablábamos. Yo lo veía pululando por allí, por La Casona, pero no teníamos ninguna relación. Alguna vez  habíamos cruzado algún saludo, apenas un ¿qué hay?, un ¿qué volá?, nada más. Él era novato, casi acababa de llegar. Si mi memoria no me falla llevaba sólo algunas semanas o algo así.  Apenas había empezado el tratamiento de choque. Ya te digo…, no sé cómo se atrevía a dar una opinión de mí; él no sabía nada de mi vida.

_ Pero… ¿qué hiciste, qué dijiste, para que te dijera eso?

_Yo estaba hablando con Maliba ¿Te acuerdas de Maliba? ¿Sí, asere, aquella trigueñita tan delgada, a la que todos llamábamos Doctora Palillo, la que se dio candela cuando salimos de La Casona? Bueno, pues con esa, ya veo que te acuerdas. Hablábamos de cosas del barrio, de la gente, de conocidos comunes, porque ella me decía que eso era bueno para “mi terapia”; la pobre, ella sí que necesitaba una buena terapia, pero yo me dejaba hacer, para qué quitarle la ilusión. Maliba decía que hablar de esas cosas me haría olvidar los horrores de la guerra… Y, no sé cómo, hablando de unos y de otros, salió a relucir lo de Damarys…

_ ¡Coño, verdad, Damarys, ya no me acordaba de ella!  ¡Qué desgracia! ¡Tan joven…, tan linda…!Asere, qué clase de jeva se perdió ahí!

_ Así es, asere, así es.

_Bueno, sigue… ¿qué pasó?

_ Pues lo que te decía, salió a relucir el caso de Damarys. Maliba  no sabía nada; ella cuando ocurrió lo de Damarys estaba ingresada en Masorra*. Yo empecé a contarle lo que había ocurrido. El tipo este, te puedes creer que ni si siquiera supe nunca cómo se llamaba, estaba sentado justo detrás de nosotros oyendo toda la conversación. Entonces Maliba me preguntó que qué Godofredo era el que había matado a Damarys, porque te acuerdas que estaba también Godofredo el hijo de la Rusa y de Pepín, y yo le respondí que había sido el mulato Godofredo, ella me dijo que claro, que era de esperar,  que todos sabíamos que Godofredo no era buena persona, que se le veía a la legua; y le recalqué: sí, tal como lo oyes, Maliba, el mulato Godofredo. Pues para qué habré puesto tanto énfasis en lo de mulato, asere. Aquel tipo se levantó, se vino hacia nosotros y en un tonito sarcástico va y me suelta: Ya está, como era un asesino tenías que remarcar que  era mulato. Como en las películas yanquis, que todos los delincuentes o son negros o son latinos; siempre el mismo cliché de mierda. ¡Vaya racista me ha salido  el blanquito este! Maliba y yo nos miramos, ella me apretó la mano para serenarme, porque me cambió la cara, pero a mí ya hacía mucho que no me daban ataques de ira, el último que había tenido justo me había costado aquella reclusión en La Casona por tercera vez; simplemente  no  daba crédito a lo que estaba escuchando. ¿Quién coño le había dado vela al tipo éste en este entierro? ¿Qué importancia tenía que yo llamara mulato a Godofredo, si era mulato? ¿Qué coño tenía que ver aquello con las películas yanquis ni la cabeza de un guanajo? Además, quién en Naranjos no dice: el negrito Arquímedes, la mulata Helena, el jabao Agapito, todo el mundo lo dice, es una manera nuestra de hablar, muy nuestra, no hay nada de despectivo en ello. Y aquello de: ¡Vaya racista me ha salido el blanquito este!; eso, a qué coño venía… ¡Pero qué cojones se había creído este hijoeputa! La verdad es que me jodió mucho, me recomió el higadillo, ya tú ves, decirme eso a mí, a mí que todas mis novias habían sido negras, que mis mejores amigos en el pre eran dos negros; a mí que había estado en Angola, en la guerra, defendiendo negros; a mí, a Eladio Montesdeoca,  al que le habían matado a su negra, mi negrita Araceli, mi mujer, mi linda negra Araceli, en aquella puta guerra. A mí llamarme racista.  Pero ahí no quedó la cosa, empezó a destripar de Damarys, de Totó ¿te acuerdas de Totó, aquel jevito que tuvo Damarys?

_ El que toda la familia se había ido pa’ la Yuma ¿no?

_ Sí, ese mismo.  Pues bueno, el tipo siguió con la cantaleta, que si Totó era un gusano, un apátrida pagado por la CIA, y yo que sé cuantas comeduras de mierda más,  y después hasta empezó a destripar de Godofredo, que hasta hacía unos minutos lo había estado defendiendo. Ni que él hubiera conocido a Damarys, a Totó o a Godofredo, como los había conocido yo, que habían sido mis vecinos del barrio de toda la vida y no de él, que yo no sabía ni dónde pinga vivía este tipo. Y luego, ya, el colmo de la cosa: comenzó a analizarnos a mí y a Maliba, como si él fuera nuestro psiquiatra… Y todo esto a grito pelao. Maliba se puso a llorar y con tremenda temblequera. Te lo juro, ese tipo era malo, y estaba más jodido del coco que nosotros dos y que todos los de La Casona juntos. Después supimos que había sido oficial de contrainteligencia militar o de la G2, algo así por el estilo, y que lo habían tronado por no sé qué chanchullo en el que se habían metido su mujer y él, algo de jineterismo con menores, me parece. El caso  es que el tipo se tostó, porque un día, en una de las fiestas que montaban él y su mujer,  se emborrachó y le metió mano a su propia hija de doce años. Bueno, la chamaca fue la que los denunció, y los metieron a los dos, a su mujer y a él, en la cárcel, y allí acabaron de fundírsele los fusibles pa’l carajo al cabrón este. Así que fíjate tú, qué clase de elemento era ese tipo. Por eso te vuelvo a decir… ¿Quién coño le daba derecho a hablarnos así, quién? ¿Cómo podía juzgarme por un simple comentario, sin saber nada de mí ni de mi vida? ¿Cómo podía hacer llorar a una muchacha tan indefensa como Maliba?

_ ¿Y qué hiciste?

-Na’, en ese momento no hice na’; tenía muy presente lo que tú me habías dicho de las confrontaciones en público,  que las evitara si quería salir lo antes posible de allí, de La Casona, y más sabiendo que, cuando me pongo iracundo, me da por romper cosas, y nos es un espectáculo muy agradable de ver.  Pero, aparte de eso, es que no merecía que yo gastara una gota de saliva en responderle. Aún así, le pedí disculpas por si le había ofendido, sabiendo que no tenía por qué disculparme, porque el tipo ni era mulato ni negro ni jabao, era más blanco que tú y que yo, y tampoco era un jodido médico, y yo no había dicho nada malo. Este tipo  sólo era tremendo cometranca, tremendo hijoeputa, eso es lo que era. Simplemente estaba harto de su perorata y quería desaparecerme de su vista, así que después de decirle: perdone,  no era mi intención ofender a nadie y menos a usted,  me llevé a Maliba de allí y le dejamos con la palabra en la boca.  Y fíjate que podía haberle rebatido todo aquello con sólo contarle todo esto que te he contado, pero…, para qué… Que se lo singara un caballo.

_ Y después, pasó algo más. Volviste a hablar con él.



_ No, no volví a hablar con él, esa misma noche apareció muerto en su habitación con el cuello roto, partío en dos. Pero tú sabes, asere,  lo que era decirme racista a mí, justamente a mí, decirme aquello a mí…

*Masorra: Hospital Psiquiátrico de la Habana.


(De la "Casona de Mambrú"  (relatos de aprendizaje)) 

O. Moré