jueves, 27 de febrero de 2014

Anoche


Ilustración: Acuarela de Loli Rodríguez 
I

Anoche, mientras dormía,
el corazón disfrazado
de ángel endemoniado
lentamente envilecía.
Noté que la sangre fría
bajó reptando entre venas
removiendo las arenas
de mi reloj obsoleto.
Ya no pude estarme quieto,
escribí voces obscenas.

II

Me desgarré en la palabra
que cubre mi piel abierta,
la rabia vibró despierta
en una broma macabra.
El miedo despacio labra
un surco bajo mi pecho;
ruina soy, algún desecho
del caracol que quería
apurar la travesía
y exhausto quedó en el trecho.

Yo sé

Acuarela de Loli Rodríguez, quien ha tenido la gentileza de dejarme su obra y permitirme usar su talento. Gracias Loli.

Yo sé que en la tierra extraña
se ha vuelto acre mi vino,
y sé que en este destino
la duda es fiera que araña.
Yo sé que esa bestia daña
mi corazón de mancebo,
y sé que si el vino bebo
mi sangre se hará raíz,
sanando mi cicatriz
por el efecto placebo.

Yo sé que si en la ribera
he de dejar mi inocencia
agotaré mi paciencia
sin alcanzar la quimera.
Y sé que en la primavera
cuando trae los colores,
me apaciento entre las flores
cual abejorro suicida.
Y sé que con cada herida
renacerán  mis temores.


Yo sé que si canto a coro
mi cantar será más fuerte,
y sé que de yo tenerte
es más limpio mi decoro.
Y sé que eres el tesoro
que salió de una costilla
porque fue dúctil arcilla
con que Dios te hizo de mí.
Y sé que al quedarme aquí
no habré de hincar la rodilla.

Yo sé que el samaritano
no siempre es de rostro noble,
y sé que si es fuerte el roble
es porque no ha sido humano.
Yo sé que por ser cubano
sólo ven el colorido
y no ven al ciervo herido
que al monte huyó tras la cierva.
Y sé crecerá la hierba
en el solar del olvido.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Desandando las hormigas

Ilustración del autor

Esa tenue luz está abatiendo el rincón inesperado en que la muchacha
agita su vestido, donde se cobijan lagartos azules y elfos milenarios.
En larguísimos pétalos se va deshojando su mirada inquieta, revoltosa.
Mis dedos sudan. La noche toda muestra sus cicatrices de silencio, y esta
muchacha de andar de holocausto me cultiva la piel con sus tímidas
hormigas. ¿Es la noche más oscura y clara de mi encierro? Ya puedo
volver al desayuno febril de carcajadas cuando esta muchacha reviente
con sus manos el misterio de mi pecho. Esa tenue luz está abatiendo el
rincón inesperado en que la muchacha desanda las locuras perdidas y se
entrega al rechinar de mi lecho, esa muchacha que es sólo un soplo tibio
en mi oído; y es casi afilada espada en mi garganta.

martes, 25 de febrero de 2014

Noche Blanca


Dánae / Rembrandt
Voy a esperar una noche blanca
(fíjate que pequeña paradoja que se hace cierta
en algún lugar de este planeta)
para resumir en tus ojos
todo lo concerniente a la térmica del cuerpo.
Noche con flancos diurnos, al decir de Paul Éluard,
en la que, como gotas de sudor,
te irás resbalando en la pared de mis desamparos.
Tú, Dánae de Rembrandt, en mis manos indómita,
fierecilla domada en el lienzo azul de mis sábanas.
Noche blanca, sin tules, sin sedas, en que tú y yo,
pequeños cachorros humanos de la vieja loba etrusca,
nos saciaremos en la blancura
que puedan reflejar nuestros cuerpos
desnudos.

domingo, 23 de febrero de 2014

Palabras muertas

Las palabras caen en abotagado silencio, como naipes sin joker, como hojas de otoño. La muchedumbre las pisa y ellas huyen hacia las alcantarillas. La palabras caen, algunas se rompen, se hacen añicos de letras,
y cualquier ligero viento se las puede llevar a deambular por los callejones y parques, por las aceras ennegrecidas.
Las palabras que no se escriben caen, caen muertas, asesinadas por el vacío, rotas en su alma y en su cuerpo, sin que ningún poeta pueda darles sepultura.

viernes, 21 de febrero de 2014

Unidad y lucha de contrarios

Óleo de +Lola Rodríguez Fernández / Montcada i Reixac /Barcelona
(Gracias, Loli, por tu generosidad al dejarme usar tu innegable talento pictórico)



UNIDAD Y LUCHA DE CONTRARIOS

Sé que acabaré perdiendo la batalla, mi cuerpo se convierte en historia, pero esa luz que se posa en la ventana y que, tímidamente, como un gorrión asustado, baja a comer de mi mano, me dice lo contrario.
Sé que esta desnudez de blandas carnes, de  corazones mostrando sus arterías, de jadeos, de telúricas pasiones y de desayunos en la cama, no es apta para cardiacos; y sé que tu desnudez sigue avivando mis más "bajos instintos" ajena a mis sístoles y a mis diástoles.
Sé que a veces la rutina y el tedio  atacan y acorralan en la trinchera a lo novedoso, a lo lúdico y a lo fantasioso; que tu fuerza es inversamente proporcional a mi debilidad y que, como lo polos opuestos del imán, nos atraemos.
Sé que el amor, según dicen los sabios poetas, las pitonisas, las cartománticas y hasta los ángeles, dura más allá de la muerte, sin embargo, yo sólo quiero amarte en vida, a no ser que en la nada, en nuestro regreso al polvo, convertidos en esas mínimas y atómicas partículas, podamos gozar del sexo y del deseo,  o yo pueda disfrutar de la fugacidad de mi beso en tu frente, de la insistencia de mis dedos entre tus rizos.
Sé que esta música que ahora desgarro, que ahora sentencio, que ahora visto como una segunda piel, está en lucha continua con tus silencios, con esos estados callados de ausencia según Benedetti, con esa estática de tu pose en medio de la cocina.
Sé que vives para modelar cada día el barro, para cincelar el mármol, para esculpir en alabastro estas ansias que nos unen, estas pieles que nos funden, y lo sé por la sencilla razón de que yo muero por ello.

O. Moré.



jueves, 20 de febrero de 2014

Soledad y Poesía


Ninfa / O. Moré ( Osvaldo Moreno) / CUBA
                                                     
                                                                              A José Lezama Lima


La soledad, lo dice el dicho, es mala consejera.
Mi soledad era una paloma torcaza
que no encontró su nido
y vino, como una niña triste,
a refugiar su gris en mi hombro.
El mundo me parecía una fresa
que cabía en mi mano
 (pequeña y llena de puntos como estrellas).
Pero yo estaba solo y distante
y el mundo, muy a mi pesar,
era un gigante infinito.
Entonces pensé en el agua discursiva del poeta,
y la paloma torcaza me aconsejó
seguir sus pasos:
La rara belleza de garza del verso.
Y les vi, a ambos, bañándose junto al paisaje.
El poeta sacó las serpientes de pasos breves,
de pasos evaporados y, en un santiamén,
mi torcaza, mi soledad gris y emplumada
fue engullida por la barroca bestia de su lengua.
 El poeta se extendió como un gato.

Pude sentir su maullar lisonjero.

Espiral de la casa

                                                                                                                    
Viñeta. /  O. Moré  / CUBA

  Al volver de distante ribera…
                                                     Bonifacio Byrne


De nuevo la espiral de la casa,
sus cimientos de orgasmos y aludes,
sus  imprecisas sombras en la pared,
la que da al viento y al espacio,
la pared que flota y se transparenta.

Vuelvo en la bufanda de antaño,
con las botas de siete leguas
y los gladiolos azules de un poema.
Allí encuentro en el ámbar a un insecto etéreo
que atrapado quedó en su vientre,
panza de ámbar entre la hojarasca marchita.

La casa vacía su añoranza,
sus símiles y artefactos para el miedo,
o, mejor dicho, para combatir el miedo.
La casa agita su estructura,
traduce sus palabras a un idioma que no sé.
La casa ajusta sus mitades
y absorbe mis sentidos,
como un reloj que marca despiadado
el grito de las horas.

Allí está Ella, con su delantal de impaciencia;
bajo el delantal su vestido de carne dulce,
tibia carne de blanca escarcha,
escarcha leve de tibia carne.

Allí está Ella, en la casa que perdura,
en la mesa que se agota,
en el agua que se hierve.
Ella es la casa y la casa es Ella.


No hay soles que se desplomen
ni  animales de rara estirpe
más allá de este paisaje,
sólo Ella y yo y una cama de humo.
Sólo Ella y yo y el vacío
y la noche y las aguas que rajan los espejos
y esos corazones en volutas
que en las telarañas  quedan colgando 


¡Ah, la casa! La casa y su espiral,
caracol que llevo a la espalda.


O. Moré
21/9/10



miércoles, 19 de febrero de 2014

Apuntes internos




Hay algo aquí dentro, en esta viva artería, que late y transfunde a mi cuerpo de vieja madera y arrugada piel de olivo. Es como el instinto de la fiera, como un soplo, un ritmo, un apunte, un misterio.  

Hay algo aquí que me mantiene levitando y, al mismo tiempo, me ancla; que me hace sentir ignoto y explorado. Puede que venga de otros mundos, de otras letras; puede que germine en otros cuerpos y hasta en otras soledades. No sé, quizás es la pudicia, quizás el ostracismo. 

Quizás tu manos aferrándose a mi espalda.

Quizás la sed de verso que no sacia. 

Quizás tu perfil de Modigliani.

Hay algo aquí, entre mis vísceras, que bulle y me cocina a fuego lento mientras pasas desnuda entre mis muslos, mientras entras en mi boca con demora, mientras cincelas mis ojos y me procuras tu propia mirada.

Hay algo aquí tan rotundo, tan vehemente, tan trueno, tan delirio, tan feroz, tan verano, tan abril, tan glorioso, tan sensual, tan ebrio, tan perfume, tan placer que, si es un signo de la muerte, quiero morirme en este instante.

Otros ciclos del agua


Qué hay más infame que la lluvia, esa lluvia que cae leve cortando las paredes, deshaciendo la carne, filtrándose en los ojos. Qué hay más distante que la lluvia, esa lluvia que hiela tus manos, que cubre tu esqueleto con su líquida piel y te hace invernar bajo la piedra junto al sapo.
Qué hay más doloroso que desnudo cincelar tus órganos e ir dejando un hilillo de sangre tras de ti, que luego será chorro y más tarde río.
Alguna vez me esperaste bajo la lluvia para diseccionar mi cuerpo, para arrancar mi sexo de cuajo y lanzarlo a las bestias. Entonces yo creí que era mártir o ángel, y salí en busca de la aureola y de las alas, pero sólo fui hombre que se hizo niño que se hizo esperma que se hizo nada.
Y un día, por fin, encontré la risa. Estaba tras el muro. Crecía en un árbol, era el fruto. Y allí estaba yo, encaramado en la rama, comiendo risa hasta que me harté, entonces caí al suelo y fui el bobo que se cayó del árbol. Pero reí tanto que morí en el acto, en el mismo acto de la risa. Y me pudrí en medio de la hierba, y mi cuerpo abonó la tierra. Y pasado varios años la lluvia, esa misma lluvia infame, me trajo de vuelta, me hizo nacer y echar raíces.
Pero otro día, un día en que la lluvia se había marchado y nada se sabía de ella, arranqué mis raíces y me planté lejos del agua. Maldigo la hora en que te di la espalda, porque lanzaste tras de mi a la lluvia, la hiciste venir, pero esta vez, convertida en huracán, en temible y justiciero (justiciero según tú) ciclón.
Y allí quedé yo, calado, ensopado como una esponja, sin rostro, porque la lluvia, la infame, la que corta, la que hiela, lo desfiguró y lo borró para siempre.
Ahora cada día soy más agua y menos carne, y así seguiré hasta que quede convertido en un ridículo charco donde vendrán a saciar su sed los perros callejeros.




lunes, 17 de febrero de 2014

Erótica del crepúsculo




A la hora del crepúsculo,
cuando las migajas del pan sucumben
y las vírgenes rezan
pidiendo que algún ángel las viole,
cuando las cabezas se aturden con el peso de las palabras,
y las telarañas dejan de brillar 
 es que busco tus misterios,
la orografía de tu aura, no de tu carne,
pues tu carne la conozco de memoria,
la he sitiado cada tarde,
cada tarde la he conquistado
y le he dado muerte entre mis manos
hasta convertirte en un cadáver erótico y fugaz.
A la hora del crepúsculo,
cuando las razones se acumulan
y la sed de amar colma la copa,
cuando desde lejos cualquier nube se te parece,
y el bestiario que me habita ruge,
busco tus versos, no los escritos,
esos los desayuné con el invierno,
si no los versos que exudaban de tus senos,
las metáforas de tu pubis,
la rima de mi lengua con tu lengua.
Óyelo bien, a la hora del crepúsculo
estoy labrando tu silueta,
repujando tus contornos,
abriéndote entre mis piernas.
Sólo a la hora del crepúsculo,
porque a la noche cerrada ya estoy muerto y enterrado,
decapitado por tu ausencia.

domingo, 16 de febrero de 2014

Antónimos


Alfombra roja / Claudio Bravo (CHILE)

Desnudo, desde el vientre de otras esferas,
satán inocuo que  esparce sus delirios
sobre la tierra y los mares del silencio.

Vestido, desde el rincón inacabado
que sepultará mis adentros, viajando
en cada arteria: sístoles de luz, sueños.

Abierto, madrépora incapaz de perlas,
de flores que marchitas  hallarán agua
y sumisas matarán al jardinero.

Cerrado, cofre de metal sumergido
bajo  dunas en desiertos de la carne.
Lagunas inexploradas de otros cuerpos.


sábado, 15 de febrero de 2014

Veneno Inocuo

Paisaje de Tomás Sánchez (CUBA)
 No soy la luz que aparece
al parir la madrugada
ni soy la estrella apagada
que lejana se entristece.
No soy el viento que crece
y derriba el viejo olivo
ni soy el cardo cautivo
entre los altos rosales.
Sólo soy, en los canales,
una góndola de olvido.

No soy el niño que bese
su Excalibur (brava espada)
cuando al hallarla enterrada,
como Arturo, la extrajese.
No soy el grito que empiece
desde el fondo del abismo
ni soy el que con cinismo
se ría del mal ajeno.
Yo sólo soy un veneno
inocuo, un cataclismo.

O. Moré 


viernes, 14 de febrero de 2014

Amalia mirando el mar (final)

Noel (Ilustración del autor)


_ ¿Por qué?_ pregunta Noel_ ¿Por qué haces esto?
_ Te ayudará a olvidar, nos ayudará a olvidar.
_ Pero… no me conoces...
_Tus ojos me han dicho que puedo confiar en ti...
_ A mí los tuyos también... pero… no sé... qué va a pasar ahora. No me queda nada, no me queda nadie...
Noel llora, llora con fuerzas, con ganas, su corazón está pariendo la amargura. Sus ojos reviven de nuevo el horror. Su sexo fenece. Los enormes girasoles se esconden tras sus manos mientras los pétalos caen vencidos en la arena húmeda que los devora. Siente que tiene que terminar de sacarse el espanto, dejarlo allí para que la arena también lo devore.
_Todo ha sido culpa mía, todo... están muertos por mi culpa... coño... por mi culpa...
_ Tranquilo... Qué pasó. Cuéntamelo... Desahógate... _ dice Amalia enjugando sus propias lágrimas. Noel se quedó unos minutos callado, respiraba lentamente para tratar de calmarse. Cuando pensó que lo había conseguido continuó su relato.
_ Estábamos muy cansados... ya nos dolía todo, empezaba a hacer frío... _de nuevo sintió un nudo en la garganta que le impedía seguir hablando.
_ Espérate.
Amalia se levantó, se dirigió hacia donde había dejado el bolso, echó mano de este y regresó donde Noel. Sacó del bolso una botella de agua y un frasco de comprimidos. Extrajo una pastilla.
_ Toma,  trágate esto y bebe.
Noel se llevó la pastilla a la boca sin preguntar que era y se empinó al pico de la botella.
_Es Diazepán, te sentará bien... lo sabré yo... ¿Mejor? ¿Sí? Bueno, pues escúpelo todo, todo ese horror, toda esa culpa, vomítala. Siente a  Yemayá. _ Amalia cogió una pulida  y pequeña piedra de la arena y la colocó entre las manos de Noel._ Ella me a puesto en tu camino para hacerte olvidar, como te ha puesto a ti en el mío para hacerme olvidar.
_ Gracias..., el caso es que ya no nos quedaban más fuerzas_ Continuó relatando Noel._ estábamos muy agotados. No teníamos idea de cuanto tendríamos que remar aún. Si estábamos todavía en aguas territoriales o ya habíamos salido de ellas. Temíamos nos sorprendiera el amanecer y fuéramos vistos por los guardacostas de uno u otro bando. Yo empecé a quejarme: que aquello era una locura, que nos iban a coger, que nunca teníamos que habernos ido. Mi hermano me dijo que me callara, pero yo no le hice caso y seguí con mis lamentaciones. Trató nuevamente de acallarme dándome un codazo que me dejó sin aire y con el que me deshice en llanto.  Abelito El Fiera se iba impacientando, lo sentía murmurar y resoplar, hasta que en un ataque de ira gritó:
__ Javi, dile al cacho de maricón este que se calle o lo voy a despingar to’. Me tiene hasta los cojones con tanta blandenguería.
__Noel, deja la bobá, acere_ gritó Pundingo también.
__Nos van a coger, coño, nos van a coger... Javi, esto es una mierda, vamos pa’ tras..., Javi. _ imploré yo a mi hermano.
__Noelito, calla ya coño, calla, que hasta a mí me estás poniendo nervioso. _replicó mi hermano.
__ Este es un rajao, si quiere regresar que se tire al agua y que nade, a ver si se lo jaman los tiburones y no resinga más.
__Venga cagao, que eres un cagao, tírate y jódete, mariquita. __ dijo Pundingo.
__Para ya Pundingo, acere, que el horno no está pa’ galletitas. __dijo Javi.
__Ah, no defiendas tanto a tu hermano, tú, que éste no ha puesto na’ aquí, sabes, y lo que ha estado es  todo el tiempo jeringando el hijo de puta.__soltó El Fiera, iracundo.__ Si está aquí es por ti. Porque lo que es por mí, este maricón,  hijo de puta, no hubiera puesto el culo en esta balsa.
__Ya me han enpingao, cierra esa boca cochina pa’ referirte a mi familia, no mientes más a mi madre muerta, singao por el culo...  Más puta será la tuya, cabrón, y más maricón eres tú, y sabes bien por qué te lo digo, no me hagas hablar Fiera , no me hagas hablar que tú sabes que yo sí sé...
__ ¿Qué coño tu sabes de qué, pendejo, qué coño tu sabes de qué....?
__Fiera... vamos a dejarlo ahí, cojones, vamos a dejarlo...
__Eh, qué te sabe éste, Fiera...__ preguntó Pundingo.
__Na’, comepinga, na’, qué me va a saber... lo que pasa es que se a acojonao como la puta de su hermano.
__Fiera, te lo advertí, basta ya... de ofender, basta ya… o te juro que te parto en dos aquí mismo.
__Ah, éste se ha volao, qué tu dices maricón...
__Mira, ya me cansé, más maricón eres tú, o ya se te olvidó lo tuyo, se te olvidó que en el Pre te cogieron con dos libras de carne metías en el culo...eh, se te olvidó, pájaro de mierda...
__Cállate Singao, cállate... __Gritó el Fiera y se abalanzó sobre mi hermano que estaba justo delante de él.
__Ahhh, Me has jodido desgraciao, me has jodido… __ gritó mi hermano, luego sentimos caer su cuerpo al agua. Pundingo encendió la linterna, entonces vimos al Fiera jadeante, con los ojos llenos de lágrimas y la navaja en la mano chorreando sangre. Después todo fue muy rápido, yo llamando a mi hermano, El fiera y Pundingo discutiendo, mi hermano que no respondía, ellos comenzaron a pelarse, la linterna de Pundingo cayó al agua. Todo quedó de nuevo a oscuras, saqué la mía y comencé a alumbrar hacia el mar. A pocos metros estaba el cuerpo de mi hermano, la sangre manaba a su alrededor, remé hasta él, los otros seguían discutiendo, le giré boca arriba, estaba muerto. El Fiera le había atravesado el corazón con la navaja. Me quedé mudo de espanto, quería gritar y no podía, sentí que un frío glacial se apoderaba de mi cuerpo, era miedo,  era terror. En la discusión Pundingo se acaloró y golpeó al Fiera con la cantimplora en la cara, luego se le tiró al cuello con sus potentes manazas, hasta que comprobó que le había estrangulado, entonces lo empujó al agua. "Era mi amigo, coño, gritaba, era mi amigo, Fiera, era mi brodher, nadie jode a un brodher mío". Al mismo tiempo se giró hacia mí, yo le alumbraba con la linterna. "Todo por tu culpa  me dijo, esto se ha ido a la mierda, coño, a la mierda, ya no merece la pena... aquí vamos a morir todos…" En el suelo de la balsa la navaja del Fiera yacía ensangrentada, Pundingo la recogió y se me echó encima, apagué la linterna de golpe y le esquivé, perdió el equilibrio y su cuerpo  golpeó contra los tablones, la cabeza fue a parar justo encima de mis pies, traté de escapar levantándome, pero me agarró por la pantorrilla, entonces cogí el remo que llevaba a mi lado y le golpeé en la cabeza, le golpeé  con fuerza, sentí la madera hacerse añicos en el cráneo. Me había convertido en un asesino, pensé que le había matado en ese momento, pero no, volvió a ponerse en pie, lo sentía manotear en el aire buscándome. Me arrinconé lo más que pude al borde de la balsa aún con el pedazo de remo en una mano y la linterna en la otra. Entonces me encontró, su enorme zarpa  atrapó mi pulóver y pude percibir muy cerca el frío acero de la navaja, pero no le di tiempo a asestar la puñalada que venía, ciega y sin rumbo, sobre cualquier parte de mi cuerpo. Con una rabia que no supe de dónde me salió, y con una idéntica destreza, logré zafarme y comencé a propinarle golpes a diestra y siniestra con el cacho de remo y con la linterna. Le oía gritar de dolor pero no emitía palabra alguna. De pronto sentí que uno de los golpes con la linterna le había alcanzado la cabeza, su cuerpo cayó como un enorme pedrusco al borde de la balsa y luego al mar. No lanzó ni un quejido, le había matado, le había fulminado con un linternazo en la sien, lo pude comprobar cuando, casi saliéndoseme el corazón por la boca, encendí la linterna y el cono amarillento de luz me devolvió su cabeza sangrante y sus ojos fijos e inmensamente abiertos, mirándome, desde la negritud de la muerte, de forma acusatoria. Seguí rastreando con la luz de la linterna y descubrí los cuerpos de mi hermano y de El Fiera flotando a la deriva y alejándose cada vez más de la balsa.  La cabeza me daba vueltas y el estómago se me revolvió de tal manera que comencé a vomitar hasta casi echar el alma y parte de mis vísceras. Me tiré sobre las tablas desnudas. En mi mente me martillaba una palabra: ASESINO, ASESINO, ASESINO… La cabeza se me quería partir en dos. Allí, agazapado, entre el vómito y aquel incesante martilleo mental, me quedé dormido. Cuando desperté casi estaba amaneciendo, la débil luz del sol posada sobre el agua me mostró la inmensidad de un mar en calma y el minúsculo punto que era yo en aquel espejo aún opaco. Los cuerpos de mi hermano y sus amigos ya no se veían. Para mi sorpresa, pude atisbar en la lejanía del horizonte unas sombras que me hicieron pensar que podían ser árboles, por lo tanto, la posibilidad de que hubiera tierra era real. Supuse que alguna corriente marina me devolvía a algún punto, otra vez, de la geografía cubana, pues estaba seguro que no habíamos avanzado lo suficiente, como para que aquello fueran las costas de la Florida. Sin pensarlo dos veces me despojé del pulóver, en el que había descubierto manchas de sangre, del short y de los tenis y me lancé al agua con uno de los salvavidas que nos habíamos agenciado por unos dólares de mierda, con él he estado nadando hasta casi llegar a la orilla. Y esto es todo.
Noel se quedó en silencio, con la mirada perdida, extraviada. Amalia le miraba con ternura, como una madre a un hijo recién nacido. Tal parecía que aquel joven enclenque se hubiera arrancado todo el espanto de encima. Tras la mirada enrojecida por el llanto, que vagaba por no se sabía que recónditos territorios, el rostro se había tornado suave y hasta más bello. ¿Se podía amar a un asesino? Se preguntó Amalia. ¿Era en verdad un asesino? Si era cierto lo que había contado, había actuado en defensa propia, lo que para ella lo eximía de tal acusación. Hubo un momento en que sus miradas se encontraron, la de ella penetrante, taladrando la de él, como queriendo adentrarse en su cabeza y adivinar lo que pensaba en esos momentos, y la de él, de vuelta de aquel vagabundeo por las tierras del temor, del desconcierto y la incertidumbre, posándose levemente en la dulzura interrogante que irradiaban aquellas ranuras de mezcla asiática y africana. Quedaron así unos segundos, consumiéndose el uno en la mirada de la otra y viceversa.
Entonces dijo ella, mientras con delicadeza le acariciaba la mejilla:
__Es una historia terrible, lo siento mucho. No te tienes que sentir culpable, no te ha quedado más remedio que actuar como lo has hecho. Yemayá es sabia y te ha salvado la vida, te ha traído hasta mí y me ha traído a mí hasta a ti.
Le abrazó con deseo, le besó con amor, como si le conociera de toda la vida, como si le amara de siempre, como si Gabriel no hubiera existido nunca, como si ella hubiera vuelto a nacer.

Amalia pájaro despierto, Amalia semilla que se yergue, Amalia luz en la sombra, Amalia acuarela que renace, Amalia libre, Amalia amando, Amalia para siempre Amalia.

El cielo está ya completamente azul. Límpido y azul. No quedan vestigios de nubes, la ballena ha sido engullida en sus propias fauces. El abejorro de nuevo deja escuchar su zumbido alborotador y el mar, también azul, rompe en la orilla en una desgarradora caricia. Los primeros bañistas matutinos aparecen aquí y allá. En breves momentos la playa se convertirá en un enjambre si el sol sigue decidido a ocupar su trono real después de haber desbancando el gris y frío amanecer que había despuntado.
Amalia se irguió con prisa y tomó a Noel de la mano conminándolo a levantarse.
__Vamos __ dijo.
__ ¿A dónde? __ preguntó él, poniéndose en pie.
__Lejos de aquí, a mi casa…y si Yemayá y Dios quieren, a un nuevo futuro. Tú y yo, solos, empezando una nueva vida…
__No me conoces, he matado, soy un traidor… la gente…
__La gente, la gente, estoy harta de lo que diga y piense la gente, de que nos controlen la vida, de que no nos dejen respirar… Además, nadie tiene que enterarse, será nuestro secreto.
__No sabes cómo soy…
__No me importa, me arriesgaré, ya te lo he dicho, tus ojos me dan confianza ¿O es que quieres regresar a tu casa?
__Allí no puedo regresar, comenzarían a hacer preguntas…
__ ¿Tienes más familia?
__Mi padre, pero nos abandonó cuando éramos niños. Vive en Santiago, es lo único que sé. Nunca se ocupó de nosotros.
__ ¿Entonces, qué temes?_ Amalia le apretó con fuerza la mano, como queriendo inyectarle el optimismo, la fe en lo que habría de venir.
Noel no tenía nada que perder, todo ya estaba perdido, quedó en silencio, era como si del infierno al cielo mediara sólo un paso y él estuviera allí para darlo, para cruzar ese límite que ahora se le antojaba minúsculo. Si emprendía con Amalia aquel vuelo, un nuevo futuro se abría, incierto, claro está, como todos los futuros, pero podía ser un oasis en el desierto, un pequeño paraíso en el gran infierno. La humanidad cruzaba de la vida a la muerte, era lo normal, sin embargo, él, haría lo contrario, cruzaría de la muerte a la vida.
Semidesnudo, con su gastado bañador beige, con la toalla sobre los hombros, apretó la mano de ella también, y despacio, muy despacio, como si el tiempo a partir de ese momento dejara de correr para  ellos, comenzaron a andar.

Amalia la salvadora, Amalia la viuda del héroe, Amalia despertando la mañana, Amalia la amante del traidor, Amalia… mirando el mar.

FIN.

Este es uno de mis primeros relatos de mi etapa de adulto. Sé que está lleno de imperfecciones, pero, como siempre digo, es un hijo del aprendizaje al que le tengo un cariño especial y merecía ser rescatado del cajón del olvido.



jueves, 13 de febrero de 2014

Amalia mirando al mar (fragmento 3)

Ilustración del autor
¿Porque se iban al bando del enemigo, a las entrañas del monstruo? Pero si a ellos les daba igual la política y el régimen social, sólo querían probar suerte y buscar una oportunidad, una mejoría económica. Trabajar como mulos, pero que, al final de la jornada hubiera valido la pena y decir: me han explotado, pero he tenido mi recompensa, ahí está: un techo, comida, ropa, y, con el tiempo y un ganchito, pues otras cosas ¿materiales? sí, por qué no. Acaso eso no era lo que proclamaba el socialismo, satisfacer las demandas cada vez más creciente de la población. Pues ellos tenían muchas demandas y necesidades y no veían la forma de que fueran satisfechas.
 Noel tragó saliva y miró fijamente a Amalia. Ella seguía su relato con sumo interés, sin embargo él dijo:
 _Perdona, me estoy extendiendo en vacuas explicaciones que no vienen a cuento. No sé por qué quiero justificar lo injustificable. La verdad es que...
_ Que tú no querías marcharte, que no te creías ese discurso que acabas de contar, que tú, en realidad, no piensas así. _ le interrumpió Amalia _ Tú querías quedarte ¿No es verdad?
_Sí, cómo lo sabes...
_ No sé, intuición femenina quizás.
_ Es cierto, yo no estaba muy convencido. A mí no se me había perdido nada allá en Miami. Yo aquí soy feliz a mi manera...  no te niego que tengo una frustración del carajo, que a veces me siento ahogado, amordazado, que miro hacia delante y veo un futuro mediocre... pero, a pesar de ello, amo esta tierra, amo a esta gente, estas son mis raíces y no quiero perderlas. Aquí está todo mi universo, todo lo que quiero: mi madre (que en paz descanse), mis amigos, mis recuerdos...
_ ¿Tu novia?
_No, no tengo novia. Quizás _continuó Noel _ vivir aquí sea como una maldición. La maldición del isleño. Sé que quedarme conlleva a que siga encerrado en una jaula invisible, a que siga alimentando de esterilidad  mi bufanda de recorrer caminos, de conocer la nieve... pero, de alguna manera, siento que mi lugar es éste...
_ Entonces… ¿qué pasó?
_ Mi hermano Javi, él odiaba esto. Llegó a decepcionarse tanto.... Él influyó mucho en mí...
_Decepcionarse ¿de qué?
_ De todo... pero esa es una historia demasiado larga y ahora ya no tiene sentido, él está muerto... muerto... _ de nuevo Noel irrumpió en sollozos.
Amalia  le abrazó con ternura y, sin saber porqué, como si una fuerza sobrenatural le hubiera empujado, comenzó a besarlo en las mejillas, en la frente, en los ojos, para luego rematar con un débil beso en los labios. Noel se dejó hacer y, también inexplicablemente, a pesar de la amargura que le invadía por dentro, sintió un estremecimiento, como un extraño y súbito cosquilleo eléctrico que le bajó al estómago y le erizó la piel, dejándole el corazón paralizado y el arrugado sexo despertando de un letargo frío y antiquísimo.

Pero Amalia había venido a ver el mar y el mar antes gris se estaba volviendo azul.  Amalia había venido a olvidar, porque ya era tiempo de olvidar, y del agua salió un naufrago caído por la borda de un arca repleta de sueños. Y Amalia vio en él la señal, su señal. Y aquel endeble naufrago escapado de la muerte, estaba renaciendo ahora entre sus brazos, en el filo sedoso de su boca, en el calor sensual de su cuerpo. Yemayá todo lo puede, Yemayá todo lo cura.  Yemayá ahora estaba sacando su manto azul de mar y ponía en el cielo los primeros rayos de luz. De la inmensa ballena de humo ya no queda nada. El abejorro descarriado al fin pudo posarse en su pelo.

¡Oh, Gabriel vuelve en el átomo invisible, en la molécula de agua... Gabriel saliendo del mar...!
Gabriel en cuerpo ajeno como un ángel caído...
(No Amalia, no. Recuerda, has venido a olvidar, a renacer... Olvídame Amalia, olvídame...)
La voz en su cabeza retumbó como un bolero. Se clavó como miles de alfileres.
Olvídame Amalia, olvídame...
Amalia comenzó a olvidar. Este era otro cuerpo, estos eran otros labios...
Gabriel humo y ceniza, Gabriel cae el telón, Gabriel árbol marchito, Gabriel sinsonte que vuela...
Adiós, Gabriel, adiós...
Noel devuelve los besos. Tímidamente acaricia la cara de Amalia. Sus dedos, como frágiles alas, recorren sus contornos, dibujan sus relieves, sellan sus ojos. Siente palpitar el sexo debajo del bañador  beige. Su sexo se inflama. Noel tiembla...
Amalia abre su blusa de algodón. Los senos brotan. Son tiernos frutos, capullos que llevan tiempo sin ser libados. Amalia tiembla...
Noel recorre con su lengua el pezón erizado, el círculo perfecto de color canela. Noel llora...
Amalia llora...
Yemayá llora y llora el mar...

Gabriel se ha ido en la misma nube lila del cielo angoleño y llora. Sigue cantado su bolero: Olvídame Amalia, Olvídame... Vuelve a ser feliz...

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