sábado, 25 de enero de 2014

La meta-literatura de La verdad sobre el caso Harry Quebert.


Descubrí el término: meta-literatura, hace muchos años, al acabar la primera novela que leí de Paul Auster y buscar la mirada crítica de los profesionales sobre la misma. En esas miradas encontré, varias veces, el término en cuestión. Esos imaginativos e intensos juegos literarios de escritura dentro de la escritura de los que el autor norteamericano ha hecho gala en sus libros, me fascinaron. Desde entonces, cada vez que leo una obra en el que se utilice este recurso literario, digámoslo así, me retiene pegado a sus páginas, sea o no un libro que termine resultando de mi agrado (soy de los que piensa que no hay buena y mala literatura, sólo hay libros que te gustan o no te gustan. He disfrutado intensamente lo mismo con un clásico que con un Best Seller de un escritor de moda).


La novela que acabo de leer hace unos días: La verdad sobre el caso Harry Quebert, del sueco Jöel Dickers, es, a mi jucio, un fiel ejemplo de meta-literatura. Siendo una novela de suspense, con una trama policíaca en toda regla, se convierte en todo un ejercicio meta-literario en el que se retrata, de manera detallada, el oficio de escritor, aquí, para más disfrute, de dos escritores.
Jöel Dicker

La novela es todo un juego bien hilvanado, en el que nada resulta lo que parece ser, porque las apariencias engañan, pero, sobre todo, es un pequeño tratado de cómo enfrentarse al difícil arte de la creación, al trauma de la página en blanco, al miedo al fracaso, al miedo a la continuidad en el oficio, al miedo a perder el talento y caer en las oscuras aguas de la mediocridad. Es también la bonita historia de un amor prohibido y de una inquebrantable amistad.

Un buen libro, con un excelente argumento, con una trama que te atrapará hasta el final; bien escrito, diría más, inteligentemente escrito, y que se ha convertido, gracias todos aquellos que seguramente piensan como yo, en un Best Seller, en un Best Seller que hay que leer, porque no le dejará indiferente, máxime, si usted es de aquellos a los que, como a un servidor, también le gusta emborronar cuartillas.

O. Moré.