sábado, 17 de septiembre de 2011

Sunset Park, de Paul Auster


El último libro de Paul Auster, Sunset Park, que recién acabo de leer es, quizás, el que menos me ha enganchado, pero no por ello me ha dejado de gustar, al contrario, considero que es una estupenda novela, una obra que transpira contemporaneidad por los cuatro costados, escrita con una prosa ágil y sin artilugios. Es una obra que retrata el hoy y el ayer reciente.
  
Alejado de sus juegos metaliterarios que tanto me atrajeron cuando comencé la lectura de sus libros (léase: El palacio de La Luna, Brooklyn Foolies, El Juego de las Ilusiones, etc), Auster se adentra en ese territorio de las relaciones interpersonales entre padres e hijos. En el eje argumental de la trama se mueven dos familias, una desestructurada (familia sanguínea), otra, la que conforman tres amigos que ocupan una destartalada casa de Sunset Park y el protagonista, que es un joven que huye de la primera y recala en la última, perseguido por la culpa, en un largo proceso de expiación.

El autor nos relata los avatares de dos generaciones. La de una lo hace a través de la disección de un clásico del cine: Los mejores años de nuestra vida, donde nos muestra esos personajes perdidos que no saben que hacer con su existencia a su regreso de la guerra y la incomprensión de la que son objeto por parte de sus familiares, y la de la otra, a través  de los jóvenes okupas de la casa de Sunset Park, incluido el protagonista; generación que se enfrenta a otra guerra, la de una crisis económica en la que batallan por salir a flote para realizarse profesionalmente y como seres humanos en busca de esa felicidad siempre distante.

Una de las lecturas que se desprenden (son muchas) es, según mi punto de vista y siguiendo esa tónica, la que nos dice que los hijos de una generación truncada y perdida serán eso mismo y, aún más, serán una generación dependiente, tesis que redunda con el final de la novela: ese hijo que nunca acaba de encontrar su sitio por si solo y siempre termina procurando la ayuda o el cobijo del padre.


O. Moré.